Quitando, quitando y me sigo preocupando…

Quitando los alimentos nocivos

Vivimos en una sociedad que cada vez parece más preocupada por lo que come. Es cierto que buscamos alimentos más sanos y que cada vez el consumidor está más y mejor informado,quitando aquellos que son más perjudiciales pero sin embargo, hay quien ha visto en esta tendencia un problema procedente de todas aquellas personas que llegan a convertir su control por la alimentación en una verdadera obsesión.

No es la primera vez que alguien etiqueta un comportamiento con un nombre “científico” y establece una patología que los profesionales no reconocen e incluso niegan su existencia. Las redes sociales, en estos casos, sirven para que estas ideas sin rigor científico se extiendan por todas partes haciendo difícil refutar o confirmar lo que algunos ya dan por cierto.

Hoy en día, una de esas ideas establecidas en el imaginario común es la Ortorexia y antes de nada conviene saber en qué consiste. Según sus defensores, se trata de una patología que viene definida por el control excesivo de la alimentación, llevando al extremo la necesidad de que los alimentos ingeridos sean ecológicos, estén controlados desde su origen y cumplan con unos exigentes requisitos nutricionales. Dicho así no parece un problema pero cuando el control supone la limitación de relaciones sociales o un excesivo tiempo dedicado a la elaboración del menú, entonces algunos hablan de enfermedad.

Lo cierto es que es uno de los conceptos nutricionales más recientes, pero también uno de los que ha entrado con más fuerza y parece identificar un problema muy extendido cuando otros sólo ven una mayor concienciación. Es también significativa la descripción de la patología, caracterizada por ese control excesivo en lo que se come y la necesidad de conocer cada detalle de cada ingrediente, más aún cuando es precisamente ese comportamiento el que una persona con intolerancia alimentaria tiene que desarrollar cada día simplemente para mantenerse sano.

Y basándose en eso surgen las críticas. Y es que convertir en tendencia lo que para unos son necesidades (el gluten free, por ejemplo), transformar en obsesión lo que para otros es su medicina (prescindir de alimentos por decisiones propias) no serían argumentos en absoluto.

La nutrición no está exenta de modas y hay que tener especial cuidado con aquellas nuevas enfermedades o corrientes o simples conclusiones que aparecen en los medios. Generalmente el tiempo da la razón a quien la tiene y lo que es una moda, sencillamente termina por desaparecer.

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