Diagnóstico de alergias alimentarias: las pruebas de provocación oral

Diagnóstico de alergias alimentarias: las pruebas de provocación oral
8 octubre 2014 Andrea Signes Ivars
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La provocación oral es una de las pruebas clínicas que se llevan a cabo para conseguir el diagnóstico de alergias alimentarias de forma certera. ¿Quieres saber más sobre esta prueba? Sigue leyendo.

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La prueba de la provocación oral se puede considerar como la prueba definitiva, ya que no hay posibilidad de error.  El paciente solo se expone a una determinada sustancia, por lo que si aparecen reacciones se atribuyen a dicha sustancia. Se suele recurrir a este tipo de pruebas cuando otros métodos o experiencias previas, no han ofrecido un resultado claro.  Este método de diagnóstico se suele utilizar con alérgenos alimentarios o con medicamentos sospechosos de producir la reacción alérgica.

Hay varias formas de llevar a cabo la prueba de la provocación oral: la ingesta, la inhalación, las inyecciones subcutáneas, intramusculares o intravenosas, siendo la forma más habitual la ingesta.

¿Cómo se realiza la provocación oral?

En primer lugar, hay dos cuestiones esenciales e imprescindibles para llevar a cabo esta prueba.

– Se debe realizar en un entorno sanitario, de manera totalmente controlado y dirigido por un equipo profesional encabezado por un alergólogo con experiencia en este tipo de pruebas.

– El paciente no debe consumir ningún medicamento previamente que pueda alterar de alguna manera los resultados de las pruebas. Tampoco se deberá realizar cuando el paciente esté resfriado, tenga la gripe, cistitis o cualquier otro tipo de infección.

Con estos dos requisitos claros, la prueba se lleva a cabo de la siguiente manera:

Primero, se realiza una pequeña prueba en la piel. Si el paciente tolera esta prueba y no surge ninguna reacción alérgica, se pasa a la siguiente fase. A partir de este momento, se van suministrando pequeñas dosis que van aumentando progresivamente cada un pequeño tiempo, según las reacciones del paciente, hasta que se consiga un consumo normal de un alimento o un medicamento en concreto.

Una parte muy importante de esta prueba es el paciente. El paciente debe informar en todo momento de la ausencia o la presencia de síntomas propios de una reacción alérgica. En algunos casos, también se suele utilizar el “efecto placebo“. Es decir, se administran dosis de un alérgeno o medicamento combinadas con otras dosis de una sustancia neutra para evitar que las reacciones que sienta el paciente no sean fruto de la sugestión.

¿Cómo fue el diagnóstico de tu alergia alimentaria? ¿Nos lo cuentas?

 

 

 

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